domingo, junio 26, 2022

Crítica: Un recuerdo llamado Imperio

A memory called Empire (cuya traducción al castellano no ha llegado todavía, pero sería Un recuerdo llamado Imperio) es la primera novela de Arkady Martine y ganadora del Premio Hugo en el 2020.

La novela, de ciencia ficción, tiene este interesante arranque: una pequeña nación independiente, Lsel, mantiene una embajada en el Imperio Teixcalaanli, nación de ansias expansionistas y que controla la cuarta parte de la galaxia. El embajador de Lsel (Yskander) muere en extrañas circunstancias y Lsel envía una nueva embajadora (Mahit) que tratará de conservar la independencia de su nación y no terminar, como su antecesor, falleciendo en extrañas circunstancias.


Arkady Martine (cuyo nombre real es Anna Linden Weller) es historiadora especializada en el mal llamado Imperio Bizantino y esta base se nota a la hora de crear el mundo de A memory called Empire. Uno de los principales temas de la obra es el choque cultural entre un poderoso imperio y los bárbaros, en donde se conjuga el desprecio y la atracción. Así, la embajadora de Lsel no solo conoce la cultura teixcalaanli sino que se siente atraída por ella, a pesar de que el poderoso imperio amenaza la independencia de su nación. Del mismo modo, hay teixcalaanlis que se muestran interesados en la cultura de los bárbaros, como el enlace teixcalaanli que le facilitan a Mahit, llamada Seis Mardehierba, que termina siendo su amiga y, bueno, algo más.

Como es de esperar de un ganador del Hugo, el planteamiento del libro resulta muy interesante. Sin embargo, contiene fallos. Unos cuantos. Bueno, en realidad, muchos. ¿Por dónde empezar? De entrada, el libro logra el demérito de tener largos tramos en los que es aburrido. Esto es debido al estilo del libro, que es pródigo en descripciones decentes, pero le falta más escritura visual y adaptar el estilo a la situación. Los personajes, de tan sutiles que son, terminan resultando flojos. El worlbuilding se centra en el ámbito literario, mientras que cojea en los demás temas. Para rematarlo, tiene fallos de guion garrafales. Repito: garrafales. Así, por ejemplo, si Tsel y Teixcalaanli son colindantes y hay relaciones comerciales entre ellos, uno espera que sepan algunas cosas básicas el uno del otro, en especial los especialistas del tema. No obstante, la embajadora de Lsel llega a la página 70 del libro sin saber si el Emperador Teixcalaanli tiene descendencia (¿no existe la Wikipedia en el Imperio Teixcalaanli?). Por otro lado, incluso los teixcalaanlis especialistas en Lsel desconocen que todos los lselianos usan los implantes imago, que debe ser algo así como si los mayores especialistas españoles en Marruecos desconocieran, no sé, que la mayoría de estos son musulmanes.

Uno de los mayores logros del libro es el concepto de los implantes imago. En resumen: la pequeña sociedad lseliana necesita preservar los conocimientos de sus antepasados y, para ello, implanta las memorias de estos en sus descendientes. Si usted es, no sé, ingeniero eléctrico, va a contar con los conocimientos de todos los ingenieros eléctricos que le precedieron. Esto da juego a que la personalidad implantada choque con la personalidad huésped. Por desgracia, la idea se infrautiliza en la obra por una decisión, para mí, poco acertada.

Por lo demás, cabe mencionar que resulta un libro en el que la trama política y detectivesca lleva casi todo el peso de la narración. Si gozó con Dune, este es su libro. ¿Quién mató a Yskander y por qué? Y no es el único asesinato, oigan, por no mencionar los intentos. ¿Quiénes son los aliados y enemigos de Mahit? ¿Interesante? Desde luego.

En resumen, Un recuerdo llamado Imperio es una destacable irrupción de una nueva autora que arranca francamente bien, con una hipnotizadora investigación detectivesca y un interesante choque cultural. La trama y los personajes son muy sutiles, lo que podría haber sido un gran acierto, pero les falta profundidad. El estilo, sin grandes descalabros, resulta a veces un poco soso. Y, finalmente, el worldbuilding resulta interesante, pero podría haber estado bastante mejor.


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lunes, mayo 30, 2022

Crítica: El juego del calamar

El juego del calamar es una serie surcoreana que, siendo laxos en los límites, podemos calificar de ciencia ficción. La serie ha sido un auténtico fenónemo internacional y es que el país asiático, no contento con fabricar barcos y teléfonos móviles, se ha lanzado a conquistar el mundo con el soft power de la cultura, primero con su música y ahora con películas y series.

Antes de nada, más de uno estará enarcando una ceja con la clasificación de El juego del calamar como "ciencia ficción", porque sin duda hay otros géneros en los que encaja más. Ya digo que lo puede ser, siempre y cuando uno no se ponga demasiado ortodoxo. Nadie duda, por ejemplo, de que la película Perseguido (1987) es de ciencia ficción y, sin embargo, el argumento se parece sospechosamente: un concurso en el que los participantes arriesgan sus vidas para conseguir un suculento premio y entretener a la audiencia. La diferencia entre Perseguido y El juego del calamar es que la película está ambientada en el futuro, mientras que la serie está ambientada en el presente. No obstante, no es condición indispensable de la ciencia ficción que las obras se sitúen en el futuro.

Tras esta digresión, entremos en materia.

El juego del calamar resulta un inteligente mestizaje de diversos temas. Por un lado, tenemos que los perdedores de la sociedad son invitados a participar en un concurso en el que pueden ganar una inmensa cantidad de dinero a cambio de perder su dignidad y, muy probablemente, la vida. Resulta todo un toque de atención que en una sociedad tan competitiva como la coreana los héroes de la historia son los despojos de esta: currantes, desempleados, ladrones, inmigrantes ilegales, defraudadores, ancianos y bocazas. En cambio, los villanos de la historia están ocultos tras el anonimato del sistema y son los guardianes o bien las elites para cuyo divertimiento se organiza este macabro juego.

En segundo lugar, la confrontación de juegos infantiles, con su correspondiente estética, con una crueldad descarnada, en la que no falta la sangre, resulta hipnótica. No es de extrañar que esta estética infantil haya atraído a un público menor de edad a ver la serie, si bien esta no es en absoluto adecuada para ellos.

Las actuaciones son más que notables, si bien se nota cierta sobreactuación, al menos desde una óptica acostumbrada a las producciones estadounidenses. Si espera la sutilidad y contención de Juego de Tronos, lo siento pero aquí no lo va a encontrar, si bien sí que verá un amplio abanico de emociones a flor de piel y alguna que otra velada.

Desde mi punto de vista, la serie sobresale en el guion, que está muy bien planificado, con inteligentes giros que logran sorprender al espectador y, al mismo tiempo, mantener el desarrollo natural de la historia. También es destacable lo bien que dibujan a los personajes, bastando un único capítulo para que empatizar con ellos, manteniendo al mismo tiempo la complejidad de los mismos y variadas relaciones entre ellos. Como único inconveniente de este guion cabe señalar que el último capítulo es, con diferencia, el peor de la serie. En lugar de seguir la evolución natural de la misma, prefirieron crear nuevos puntos álgidos como absurdos retornos de personajes y explicaciones que nadie había pedido, mientras que dejaban morir tramas que darían para una interesante segunda temporada.

En resumen, El juego del calamar es una serie excelente en múltiples aspectos, empezando por su originalidad, siguiendo por su guion y rematando con sus actuaciones.



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lunes, abril 18, 2022

Crítica: Visiones 2021

Como cada año, Pórtico, la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror ha realizado una antología de cuentos en la que se prima la presencia de autores noveles. En esta ocasión, el tema escogido por los seleccionadores del Visiones 2021 ha sido los viajes en el tiempo. No se trata de un tema novedoso. Los viajes en el tiempo llevan décadas siendo un tema recurrente en la ciencia ficción. Así pues, no esperaba grandes alardes de originalidad.

De la selección se encargaron Pablo Campos (escritor y editor jefe de la desaparecida Triskel Ediciones), Elena Lozano (editora de Crononauta) y Diana P. Morales (escritora, editora y organizadora del Premio Ripley). Se trata, por tanto, de personas que tienen una importante trayectoria dentro de los géneros.

Los cuentos seleccionados en esta ocasión han sido:

  • El destino más buscado - Claudio Amodeo **** Una divertida historia en la que un guía intenta, sin mucho éxito, que los turistas temporales no alteren el pasado. Especialmente destacable es el endiablado ritmo que rodea las paradojas temporales.
  • El último viaje en el tiempo de Ekaterina Vorobiova - Javier Font *** Un cuento que tiene el formato de artículo periodístico, en el que se nos explica cómo Ekaterina encuentra la forma de enviar pequeñas sondas al pasado para grabarlo. Un cuento interesante al que le falta cierto gancho para terminar de rematarlo.
  • Tú alucinas - Eva G. Guerrero ** Un cuento ambientado en los años de plomo de ETA y que pasa de refilón por el asunto de los viajes en el tiempo. Combina muchas ideas, algunas de ellas brillantes (como p.e. el lenguaje que utilizan los jóvenes) pero, por otro lado, resulta una mezcla extraña, metiendo los viajes en el tiempo con calzador, con referencias musicales, radicales cambios de estilo y cambios en el punto de vista.
  • La mujer de junio - Marco Granado **** Una científica inventa una máquina del tiempo y decide visitar a su yo de la infancia. Lo que aparenta ser una historia sin más, acaba teniendo un final tremendamente emotivo.
  • El incidente Furnerius - J. A. Menéndez **** Un trabajador de una base en la Luna, que padece burnout laboral, parte a investigar un extraño fenómeno. Lleno de ironía y de ácida crítica a las relaciones laborales, tiene un desarrollo y un final bastante logrados.
  • Retorno - Néstor Román **** Una mujer tiene un alucinógeno encuentro con su yo del futuro, con inesperadas consecuencias. Un cuento que destaca por su brevedad y su bella factura estilística.
  • El portal - Sara Sacristán Horcajada *** Mientras la Tierra agoniza, un grupo de científicos construye un portal capaz de llevar a un Marte pasado que es habitable. Un argumento interesante cuyo desarrollo es, sin embargo, demasiado predecible.
  • Una playa en el Cámbrico - Diego Salcedo Serra *** Una científica experimenta incontrolados viajes al pasado mientras intenta mantener una relación sentimental en el presente. Bellamente escrito.
  • Líneas en la arena - Ibán M. Sánchez Macanás **** Hay elfos que nacen con ciertos dones, otros que nacen sin ningún don en especial y, por último, están los elfos malditos, los elfos de la arena, que son repudiados por el resto de la sociedad porque son capaces de viajar en el tiempo. Resulta este un cuento especialmente emotivo por todo lo que envuelve a la vida de estos elfos malditos y su acertada relación con la religión élfica.
  • Partido por la gente del pasado - Alberto Sepúlveda Ortega *** Una obra con claras intenciones humorísticas, en la que gente de todas las épocas aparece en el presente y trata de organizarse. No falta la crítica a la gestión de los refugiados. Por desgracia, el tono humorístico pierde gancho conforme pasan las páginas y termina siendo una sucesión de gadgets.
  • Sin vuelta atrás - Laura S. Maquillón ** Una mujer, adicta a las drogas, trata de salvar la empresa en la que trabaja y la relación que mantiene. El relato va adelante y atrás en el tiempo sin un criterio claro, lo cual descoloca al lector.
  • Principia Itineris Transtemporalis - Héctor Vielva *** Desde hace siglos ha habido personas capaces de viajar por el tiempo y sacar provecho, con importantes consecuencias históricas. Un cuento que gana conforme pasan las páginas.
  • Objetos perdidos - Valentino Poppi ***** El cuento italiano, que no guarda relación con los demás, resulta a mi juicio en el mejor de toda la antología. La premisa resulta muy original: una empresa ofrece como servicio la capacidad de recuperar cualquier objeto perdido. A partir de ahí, un buen desarrollo y un final excelente, por lo que solo cabe decir que lean y disfruten.
En resumen, el Visiones 2021 es una antología interesante, con varios cuentos que alcanzan un niel notable y en el que escritores y jurado han logrado salirse de los clásicos clichés del subgénero. A destacar su muy marcada temática ciencia ficcionera, con solo un cuento que no entra en la categoría. Avisados están.

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lunes, marzo 21, 2022

Crítica: Espada Auxiliar

Espada Auxiliar es la continuación de la original Justicia Auxiliar, de Ann Leckie. Ambientada inmediatamente después de su antecesora, Espada Auxiliar nos narra la misión que encabeza Breq para controlar un planeta en un momento en el que la guerra civil del Radch se empieza a hacer evidente incluso para el pueblo llano.


Al igual que Justicia Auxiliar, se trata de una obra muy ambiciosa, en la que se conjugan múltiples enfoques como las relaciones interpersonales, la sexualidad, los aspectos sociales del Imperio Radch (en especial las complejas relaciones clientelares pero también la diversidad cultura del Imperio) y las conspiraciones propias de un estado de guerra.

También, al igual que su predecesora, utiliza el género femenino como neutro. Pero si en Justicia Auxiliar uno terminaba sabiendo más tarde que pronto el sexo de los personajes, en este caso Ann Leckie le da una nueva vuelta de tuerca al asunto y decide que lo que tenga la gente entre las piernas no es relevante. Los propios personajes de la obra lo justifican indicando que fijarse en los genitales es propio de culturas incivilizadas. En consecuencia, nos quedamos sin saber quién es hombre y quién es mujer o bien, en cuanto uno se despista, piensa que todos los personajes son femeninos. Todo un toque de atención sobre el lenguaje inclusivo.

La obra se nota más madura que Justicia Auxiliar, al prescindir de algunas virguerías que no contribuían demasiado a la legibilidad del texto. No obstante, también resulta menos entretenida, en especial porque -del mismo modo que Justicia Auxiliar- se centra demasiado en los aspectos clientelares de Radch y en las relaciones entre los personajes, sin que en realidad suceda gran cosa. Se pasa uno cientos de páginas preguntándose cuándo va a venir la parte realmente interesante y el final resulta un tanto coitus interruptus. Da la impresión de que es deliberado y en la tercera parte, Misericordia Auxiliar, encontraremos toda la acción que estamos esperando.

Un defecto a señalar de esta obra es que cuesta demasiado entrar en la misma. Hay una delgada línea entre crear un universo rico y complejo y poner las cosas tan difíciles que generen desconcierto al lector. En la primera obra de una saga es comprensible cierta desorientación e incluso puede tomarse como un reto, pero en la segunda parte de una saga genera una innecesaria frustración. Para evitarlo, la autora debería haber refrescado sutilmente algunos conceptos.

En resumen, Espada Auxiliar es una meritoria segunda parte de Justicia Auxiliar. Más madura y con menos defectos, pero también sin la chispa de su predecesora puesto que sacrifica la acción y la trama por las relaciones interpersonales. En esta segunda parte se plantean conceptos que (supongo) tendrán gran importancia en la tercera parte pero que aquí apenas tienen relevancia, lo que convierte esta obra en un puente que no termina de cuajar. Por otro lado, se dan por supuestos todos los conceptos de su predecesora, lo que hace que el inicio sea un poco árido.


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