miércoles, diciembre 04, 2019

Crítica: Tantrum #5

Tantrum es una de esas nuevas revistas electrónicas que, siguiendo la estela de la exitosa Supersonic, se han atrevido a, oye tú, cobrar por su producto. Hay, sin embargo, algunas diferencias significativas entre Tantrum y otras revistas similares. La primera es que Tantrum es, por decirlo de algún modo, el coto privado de Sam G. C.Santiago Eximeno (autor reputadísimo y que no necesita presentación) y Tomás Rivera. Puede parecer extraño que un autor cree una revista para publicar su propia obra, más aún si es alguien tan conocido como Santiago Eximeno, así que debo reconocer que acometí la lectura de Tantrum con cierto escepticismo.

El resultado es francamente positivo. Tantrum no es solo el coto privado de sus tres autores de referencia. Cada número incluye relatos de autores de primer orden. Y así, en el número #5 contamos nada más y nada menos que Vanesa Santiago, Alicia Pérez Gil y Lola Robles (ganadora de dos Ignotus).

Tantrum es básicamente una revista de ficción, así que no esperen sesudos artículos o multitud de reseñas. Hay entrevistas, eso sí. Todo ello hace fácil su lectura. Incluye además audio, toda una innovación que es bienvenida.

Todos los relatos de la revista me han gustado y destacan por su calidad. El único que me dejó indiferente es Exolon de Sam G.C., al ser un fragmento de una novela. Destacaría especialmente:

  • De vampiros locos - Lola Robles
  • Ahora soy máquina - Tomás Rivera
En resumen, Tantrum es una excelente revista de relatos en la que prima la calidad y autores fijos. Los autores invitados son de elevada reputación, lo que redunda en la calidad a costa de no encontrar nuevos talentos.

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miércoles, noviembre 20, 2019

Crítica: La gracia de los reyes

La gracia de los reyes de Ken Liu narra la historia del desmembramiento del Imperio Dara y las  guerras que se producen tras su caída y que conducen a la nueva Dinastía del Diente de León. El libro tiene profundas influencias chinas, lo que alegrará a los sinófilos. Así, por ejemplo, hay un obvio paralelismo entre el emperador Mapideré y Qin Shi Huang, del mismo modo que su imperio (Imperio Dara) se parece sospechosamente al Imperio Qin. En los reinos encontramos los mismos modus operandi de los chinos (concubinas, alta valoración de la caligrafía y así un largo etcétera). Estas influencias se vuelven tan obvias que a veces estropean la trama al hacerla demasiado predecible.

A pesar de la clara fuente de inspiración, Ken Liu logra crear un mundo rico y asombroso donde los pobres y los oprimidos se sublevan contra la tiranía. Es notable, sin embargo, que una vez que los oprimidos alcanzan la cima, generalmente se vuelven aún peores que los que acaban de derrocar.

La novela combina hechos realistas con giros de fantasía, el contraste entre ambos no está bien resuelto y erosiona la credibilidad del libro. Sin embargo, el libro hace un buen uso de los cambios en el ritmo y de acción sin cuento para mantener la atención del lector (algo difícil de lograr en una novela tan extensa).

Estilísticamente hablando, no hay duda de que el libro está bien escrito, pero no sobresale en este aspecto.

Uno de los factores que desmerecen este libro es la exagerada cantidad de personajes que pueblan sus  páginas. El autor sacrifica profundidad de los personajes por cantidad de los mismos, lo que convierte a estos en meros hombres/mujeres planos que solo parecen tener una cosa en mente.

En resumen, una buena novela, compleja, fuertemente influenciada por la cultura china y con mucha acción, ideal para pasar el rato sin demasiados quebraderos de cabeza.

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miércoles, noviembre 13, 2019

Nación

Como algunos ya sabéis ahora mismo estoy escribiendo una novela corta. Todo empezó a finales del 2018, cuando tuve una idea que -aunque me atraía- califiqué de bastante loca. Se trataba de escribir un cuento llamado Nación pero, honestamente, no pensé que nadie fuera a comprar semejante argumento.

Todo cambió cuando descubrí a finales del año pasado que China Miéville había tenido una idea semejante en La ciudad y la ciudad. Oye, pues si China Miéville puede, yo también.

La cosa, sin embargo, se salió de madre. Iba a ser un relato. Unas 6.000 palabras. Pero la complejidad del escenario en seguida lo hizo imposible. O lo simplificaba, o me arriesgaba a que fuera incomprensible o lo alargaba hasta convertirlo en novela corta. Los que me conocéis ya sabréis que no dudé mucho en qué opción elegir.

Y aquí estamos. De momento 20.000 palabras. Seis capítulos en versión alfa, otros cuatro en diferentes estadios. Alcanzará entre 25.000 y 30.000 palabras, grosso modo.

El argumento lo dejaremos para otra ocasión.

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domingo, octubre 27, 2019

Crítica: La ciudad y la ciudad (serie de TV)

Hace unos meses reseñé la excelente (aunque no apta para todos los públicos) novela La ciudad y la ciudad, de Chine Miéville. Pues bien, la BBC asumió el riesgo de adaptar para televisión esta novela. Riesgo porque no es una novela muy conocida, es de difícil adaptación y requiere un presupuesto elevado. Pero, qué demonios, es la BBC. El resultado es mixto, con grandes aciertos y decisiones claramente criticables.

Empecemos por el principio. Es evidente que la literatura y la televisión juegan con medios completamente diferentes. En la novela, el autor juega al principio al despiste, a no dejar claro cómo es Ul Qoma y Beszel. A la serie no le queda otro remedio que hacer justo lo contrario y, puesta a ello, lo resuelve con brillantez. En apenas unos minutos el espectador tiene muy claro cuál es aspecto de las dos ciudades y qué es "desver" una ciudad.

La serie sigue fielmente la obra de Miéville. Una chica es asesinada, el inspector Tyador Borlú es llamado a investigar el caso, etcétera, etcétera. Así que, si es usted purista y le gusta China Miéville, esta es su serie. Hay, como no podía ser de otra forma, algunas licencias. Borlú es en la serie un nostálgico que se aferra al recuerdo de su mujer desaparecida, mientras que en la novela es un poco golfo, un personaje más propio de la novela negra. Hay una ligera divergencia con la serie en los personajes, que están más desarrollados que en la obra de Miéville, y en el transfondo político, que cobra algo menos de importancia en la serie que en la novela.

No obstante, el producto no está exento de fallos. Todo el brillante esfuerzo de adaptación descarrila en el último capítulo de la serie. En lugar de mantenerse fieles a la novela, optan por nuevos caminos que no alcanzan ni de lejos la calidad esperable. Así, todo lo concerniente a Brecha queda peor resuelto en la serie que en el libro, mal y con prisas. Y qué decir de la épica persecución final del libro, que Miéville convierte en inolvidable a pesar de la dificultad que entraña imaginársela; la serie tenía una oportunidad única de plasmarlo en pantalla y, en su lugar, optan por un tiroteo convencional.

En resumen, La ciudad y la ciudad resulta una serie que gustará a los amantes del género negro y la ciencia ficción weird y que recomiendo a todo al que le gustó el libro. La ambientación y la fotografía son dignas de aplauso, aunque el final desmerece los aciertos previos de la serie.



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