sábado, noviembre 28, 2020

Crónica Hispacon 2020

Como cada año, la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (recientemente renombrada como Pórtico, en lugar del ilegible AEFCFT con el que nos tenía acostumbrados hasta ahora) realizó la semana pasada su convención anual, la Hispacon. Debido a las condiciones provocadas por la pandemia, hace meses se decidió que el encuentro sería virtual.


Cabe destacar el gran esfuerzo que supuso preparar esta Hispacon 2020. Si ya estábamos acostumbrados a complicaciones de última hora, en esta ocasión las circunstancias externas provocaron un cambio de planes nunca antes visto. Ya no solo había que cuadrar los eventos (ya de por sí complicado) y organizar los premios Ignotus sino, especialmente, se tenía que poder visualizar las charlas vía web. Hasta la fecha nunca se habían podido ver las charlas en la web y mucho menos en directo (1). En este aspecto, la organización cumplió, con una web muy mejorada respecto a ediciones anteriores.

La digitalización de la Hispacon abrió nuevas posibilidades. Por un lado, permite asistir a cualquier evento de la misma aunque sea a posteriori. Por otro, facilita la asistencia de figuras extranjeras, que en convenciones presenciales tienen más complicado venir. Los comentarios generales fueron muy positivos y probablemente siga habiendo algún evento virtual en futuras Hispacones.

Por contra las ponencias, aunque interesantes, perdieron algo de vidilla al no poder presenciarse en directo. Esta falta de interacción, de no poder saludar a la gente, tomar una cerveza, intercambiar chascarrillos o ir a la caza del autógrafo, fue la gran pega de esta convención.

Personalmente, solía hacer un buen acopio de libros durante las Hispacones. En esta ocasión las editoriales tuvieron que hacer promoción on line y aprovechar el potencial que daba poder presentar todos los libros y autores que quisieran. El resultado, según dicen, ha sido bueno.

De entre las ponencias, yo destacaría especialmente dos:

En resumen, salvo por un pequeño fallo técnico durante la Asamblea, la convención pudo desarrollarse satisfactoriamente de forma telemática, con las ventajas e inconvenientes que ello supone. Cabe agradecer el esfuerzo y talento que se invirtieron en ello y probablemente veamos más eventos telemáticos en futuras Hispacones.

(1) algún conferenciante había colgado su charla a posteriori, pero dependía de la voluntad y medios de este, no de la organización.

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martes, noviembre 24, 2020

La última luz de París

Me alegra informar que la web Portal Ciencia y Ficción ha publicado mi cuento La última luz de París. Está ambientado en un futuro en el que conviven humanos y máquinas y en el que las religiones (por cierto, casi desaparecidas) no gozan de ningún tipo de trato especial.


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lunes, noviembre 16, 2020

Crítica: Dune

Dune es una de las novelas de ciencia ficción más populares, aclamadas e influyentes de la historia. Con este currículo probablemente esté todo dicho de esta obra y sea innecesario un análisis más, pero el inminente estreno de la película de Denis Villenueve seguro que generará un renovado interés por la misma. Sea como sea, aquí va la crítica.

La historia es bien sabida por lo que no considero necesario ocultar nada. Pero, por si acaso, ¡CUIDADO, SPOILERS! En un lejano futuro los humanos dominan todo el espacio conocido en una única entidad, el Imperio, cuya organización tiene clara inspiración medieval, con grandes casas disputándose el gobierno de los planetas. Dos familias, la Atreides y la Harkonnen, mantienen una profunda enemistad. La de los Harkonen controla el planeta Arrakis, también conocido como Dune, un planeta desértico que es el único productor de la especia. Esta droga ocupa un lugar esencial en la economía galáctica, dado que tiene la capacidad de aumentar las capacidades intelectuales de quien la consume. En particular, es indispensable para que los pilotos interestelares puedan doblar el espacio-tiempo.

Por orden del Emperador, los Harkonen son desposeídos de Arrakis, que pasa a ser feudo de los Atreides. Aparentemente un regalo para los Atreides, en realidad una compleja trampa.

Hay numerosos motivos por los cuales esta obra resultó innovadora y que justifica el éxito inmediato que obtuvo la misma:

  • Se trata de una novela de ciencia ficción inusualmente extensa para la época. Ya se publicaban novelas de ciencia ficción desde los años 40 pero no de semejante longitud. De hecho, las editoriales convencionales rechazaron su publicación, que terminó llevando a cabo la Chilton Book Company, especializada en ¡manuales de instrucciones! Si usted es aficionado a esas armas arrojadizas de George R.R. Martin o Brandon Sanderson, ya sabe a quién puede dar las gracias.
  • Si bien hay "buenos" y "malos", presenta el conflicto como una rivalidad entre dos casas, no como una lucha entre el bien y el mal. Muchos personajes se mantienen en una zona gris, movidos por sus propios intereses. Incluso el héroe de la historia termina devorado por sus ansias de venganza, sacrificando la moral para alzarse con la victoria. Constituye, por tanto, un aviso de que el poder corrompe y que la fe ciega en un líder puede ser peligrosa.
  • Por primera vez se desarrola un ecosistema complejo y realista. Hasta ese momento, lo que captaba la imaginación de los escritores y lectores eran peligrosos depredadores pero a nadie se le había ocurrido que esos depredadores necesitaban presas de las que alimentarse.
  • El planeta Arrakis es desértico en grado extremo, convirtiéndose en cierto modo en el verdadero protagonista de la obra. Más importante resulta aún que la conservación del agua alcanza una importancia máxima, hasta el punto de que se mide la riqueza en agua y de que para estar en el exterior se empleen unos trajes que reciclan el agua. En cierto modo, Dune se adelanta al movimiento ecologista.
  • En Dune las mujeres tienen mayor protagonismo y poder del que era habitual para la época. En particular, una orden religiosa (la Bene Gesserit) adquiere poderes mentales casi sobrehumanos y manipula la genealogía de las grandes Casas de acuerdo a sus propios intereses.
  • La obra contiene una velada crítica al colonialismo. Los "buenos" de la historia, llamados fremen (nótese la similitud entre fremen y freemen), viven en el desierto, de donde se extrae una sustancia necesaria para las naves interestelares y tienen una religión que utiliza con descaro conceptos islámicos. Tantas coincidencias no parecen casuales. En buena parte, Dune es un canto a la libertad de los pueblos colonizados (si bien el libertador resulta ser uno de los colonizadores).
En resumen, Dune es una obra inusitadamente compleja, incluso para los cánones de hoy en día, y no digamos ya para los años 60 del siglo pasado. Y eso que no hemos mencionado los poderes mentales que pueblan la obra, cosa que no era extraña en la ciencia ficción de la época (1) y que parece que está en buena parte inspirada en la ideología hippie de los años 60 y el deseo de transcender.

Sin embargo, nunca ha sido una de mis obras favoritas y aquí van mis motivos:

  • Aunque la novela es brillante a la hora de plasmar los pensamientos de los protagonistas (2), resbala en las escenas de acción que, en comparación, están bastante peor narradas.
  • La fase de planteamiento de la novela es excelente pero a mitad de la obra empieza a acelerarse y esta velocidad impide que los acontecimientos se desarrollen de forma natural. Tal vez sea producto del temor de Frank Herbert a que la obra resultara demasiado larga. Esto se nota en determinados momentos, como el enamoramiento de Paul y Chani. En el último capítulo la velocidad en la que se desarrolla la acción es tan atropellada que resulta difícil de justificar, teniendo que recurrir a elipsis injustificables y queriendo explicarlo todo en breves páginas.

En resumen, Dune es una obra crucial de la ciencia ficción, cuya inmensa popularidad está plenamente justificada. Personajes realistas, trama compleja y dobles lecturas harán la delicia de cualquier amante del género aunque pueden espantar a un público no iniciado en el mismo. Si bien la obra es muy meritoria cabe destacar un único defecto y es que, a pesar su gran extensión, irónicamente se debería haber alargado el final unas decenas de páginas más.

(1) recordemos, por ejemplo, la abundancia de telépatas en las obras anteriores a los 70.

(2) hay tanto diálogo interior en Dune que constituye el principal problema para trasladar la obra al cine. Por otro lado, la descripciones son escasas, lo que deja, para bien y para mal, mucho margen de maniobra para que el film esté plagado de aciertos o de errores.

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